Uncategorized

25

27

43

37

1

La Cañada Real Galiana es una franja de 16 km llena de misterio y contradicciones. Se cree que es el mayor barrio de chabolas de Europa y está situado a poco más de 15 minutos en coche del centro de Madrid, reflejando un gran contraste con la riqueza, elegancia y sofisticación de la cercana capital. La zona es famosa por estar al lado del mayor centro de incineración de basura de Madrid y sobre todo, por ser el mayor centro de comercio de drogas al aire libre de la comunidad.

Se estima que el 90% de la oferta de drogas ilegales de Madrid se canaliza a través de este lugar. Pero en la Cañada hay muchas otras realidades, como ciertas dinámicas sociales muy interesantes: es un extraordinario ejemplo de la complejidad social que se puede implementar en un patrón de asentamiento único, variando desigualmente su desarrollo y evolución a lo largo del tiempo.

Massimo Caracciolo / Actualmente estudia en la Danish School of Photojournlism, en Dinamarca. / www.massimocara.com

 

Standard
Uncategorized

Rocio

Durante algún tiempo estuve estudiando en Madrid. Caminaba mucho por las calles y como a cualquier suramericano me impresionaba el orden, las estructuras arquitectónicas que perduran en el tiempo, los museos o las exposiciones fotográficas. Pero una de las cosas que más me llamaba la atención eran los rostros que podía ver en cualquier lugar a cualquier hora. Particularmente los rostros femeninos me dejaban con la boca abierta. Aquí les dejo un ejemplo, ella es Rocío de Madrid.

 

Standard
Uncategorized

calaveras

Cuarto Siniestro

Desde que éramos pequeños nuestros padres tuvieron la buena costumbre de soltarnos cual alimañas por el campo. Aparte de ensuciarnos hasta las orejas una de las costumbres que seguíamos en nuestras salidas era la recolección de restos de animales. En Sangüesa, el pueblo de mi familia materna, reuníamos en una habitación los tesoros que íbamos encontrando en nuestras expediciones. Le llamamos el Cuarto Siniestro y poco a poco, con la constancia del buen rastreador, conseguimos llenar aquellas estanterías viejas de madera con cráneos, omóplatos, vértebras o mandíbulas, muy útiles para jugar a las pistolas. También recogíamos otro tipo de restos como herraduras, plumas o egagrópilas. Conforme nos hicimos mayores dejamos de ir al pueblo los fines de semana y los veranos y el Cuarto Siniestro quedó como un pequeño museo polvoriento. Como un mapa de los caminos de la infancia que, aunque representara un territorio pasado, de vez en cuando convenía echarle un vistazo para no perderse.

Hace unos años quitaron el Cuarto Siniestro pero en casa seguimos colocando calaveras de animales.  Son como viejos amigos que adornan nuestras paredes, de la misma manera que los retratos familiares lo hacen en las casas civilizadas.

Standard