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Hay veces que hueles la foto desde la distancia. Escenas que apenas ves de reojo, pero que activan con rapidez tu fotómetro. Como un perro de hocico húmedo al que el viento le trae el olor de una perra en celo.  En esas estaba yo cuando después de pasar la noche viajando salté del camión en Chilete. Les vi desde lejos. Una larga fila de señoras sentadas en un escalón con unos luminosos sombreros de ala ancha. De vuelo elegante. Rodee la plaza por el lado opuesto y me acerqué poco a poco. Pero ahí me vi en un pueblo que no conocía en un país que no era el mío frente a más de 20 mujeres acusándome con su mirada. Y quise escapar, irme al río a fotografiar pájaros, allí donde la vergüenza no me hiciera cada vez más pequeño.

Por suerte nunca supieron que ellas eran el mastín y yo el caniche.

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