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_SAT5604

Razones para subir montañas

Algunos sabios buscan allá, en las montañas, relajarse y gozar con la contemplación de una obra maestra. Otros, más valientes, experimentar la bravura descomunal de la Madre Tierra un día de tormenta, y tragar polvo, nieve y viento en medio de una cresta. Y mirar el reflejo de su cara en una piedra iluminada por la luz violeta de los relámpagos, poniendo ojos de perro asustado. Y sentir la violencia rebelde y libre de un rayo que parte un árbol cercano, y oler a quemado para recordar que estamos vivos y que, hay lugares en los que solo el miedo azuza nuestras piernas derrotadas por la hostilidad de terreno que vende cara su conquista; que aprieta cuando más nos ve sufrir, y se burla, y se ríe escupiendo carcajadas que  castigan como latigazos.

Yo, sin embargo, me hice montañero para poder tener el bigote congelado en medio del Ecuador. Pues hace tiempo me entregué sin remedio a la placentera felicidad del idiota.

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glaciar cayambe

Cayambe

2 de la mañana, 4.700 m. y poco oxígeno. Comenzamos a subir por el glaciar del Cayambe (Ecuador). Habrá que hacerlo despacio, sorteando las innumerables grietas que se reparten por la ladera y que la niebla esconde caprichosamente. A las 6 de la mañana, y a 5.400 m. decidimos darnos la vuelta. Con el calentamiento del día las grietas se vuelven aún más peligrosas. El glaciar engulle a todo elemento extraño que lo desafíe.  Como si fuera monstruo hambriento que esperara su ración.

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