Uncategorized

img527

Este es mi hermano G. Ayer fuimos a la huerta. Después de un mes con más de 20 días de lluvia y dos de calor la hierba había crecido hasta el pecho, dándole un aspecto asalvajado a nuestro pequeño terreno pedregoso. Así que hubo que ponerse manos a la obra. Tras unas horas de duro trabajo descansamos recogiendo y comiendo, a partes iguales, las primeras cerezas de la temporada de unos árboles rebosantes. En este paisaje se me ocurrió hacerle un retrato a mi hermano que exaltara el trabajo físico y el esfuerzo. No sé, algo con un aire épico. Tenía pensado pedirle que posara sin camiseta, para resaltar esa mezcla de sudor y tierra que nos recuerda nuestra sencillez primitiva. Su pelo corto y su piel blanca podía darle un toque parecido a esas fotografías de jóvenes soviéticos, malnutridos pero fibrosos, que trabajaban duramente en los campos de aquellos mundos difíciles. Gente dura de piel seca y venas hinchadas por el trabajo, como mi hermano, que pasó dos años macheteando en las selvas bolivianas. Pero entonces apareció con sus gafas de sol mi hermana pequeña, la que nunca riñe ni discute, la que raramente levanta la voz. La misma que había parado a descansar mareada después de 10 minutos de rastrillo, y le comentó a mi hermano con su tono angelical que estaba gordo. “Pero un gordo deforme”. Y me fastidió el retrato.

Standard
Uncategorized

CF

La primera comunión de Fabi

Es una tradición en las familias de religión católica que sus hijos, en edades entre los 9 y 10 años, realicen su primera comunión ante los ojos de su dios. Todo va seguido de un día de júbilo y fiesta. Esta fotografía fue tomada el día de la fiesta de la primera comunión de Fabi en Caracas, en una asignación de trabajo personal para documentar el inolvidable momento.

Standard