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El agua estaba en calma y yo no podía dejar de mirar hacia la otra orilla. Aquel invierno había sido duro y las ganas de cruzar habían ido dejándome cada vez mas desesperado. Sin embargo aquel día los alisios dejaron de soplar y un viento del sur nos trajo el cálido perfume del sol, la esencia del cambio revoloteaba el aire. Fue entonces cuando dejé de mirar atrás, y me eché con fuerza hacia adelante.

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